Experto por críticas a rutina de Chiqui Aguayo: “La vara con que se le mide es totalmente machista”

Aunque Chiqui Aguayo triunfó en el Festival de Viña del Mar y se llevó dos gaviotas tras su presentación, esta fue ampliamente criticada en redes sociales, donde los usuarios calificaron su rutina como “vulgar” por el lenguaje que ocupaba y por el tratamiento de los temas. La comediante salió a enfrentar las críticas, señalando que “hay un doble estándar impresionante porque no conozco mujer que no hable con garabatos”.

Para el investigador del Instituto de Estudios Avanzados (IDEA) de la Universidad de Santiago de Chile, Dr. Felipe Cussen, “la vara con que se mide a Chiqui Aguayo es totalmente machista”.

Para el doctor en humanidades y autor de artículos sobre temas asociados a la cultura popular, “lo que a la gente le irrita no es lo que ella dice, sino que lo diga una mujer. Que se hable de genitales, sexo o sustancias corporales choca solo porque lo está diciendo una mujer”, indica.

“Otro punto que irrita a algunas personas”, agrega el académico, “es que, además, se refiera a cosas mucho más específicas de la cotidianeidad femenina. Hablar de la depilación los complica, porque es un espacio de intimidad de la mujer, y eso hace que algunos machos se sientan excluidos de su lugar”.

Por otra parte, el especialista llama a considerar que “la mayor parte de los chistes de la Chiqui Aguayo eran sobre ella misma. Ella se exponía como objeto de burla de manera irónica”, por lo que “si a alguien le pareció ordinario u ofensivo, hay que considerar que ella misma se está aplicando esos chistes”.

“Antes que sea un problema sobre el uso de garabatos, el problema es si una mujer puede pararse a contar chistes. Es algo que estuvo limitado durante un tiempo y lo de Natalia Valdebenito significó una apertura en ese sentido”, explica.

Críticas injustas

Para Cussen, la situación que revelan las redes tras la rutina de Aguayo “me parece que es bien simbólica. Nos habla de tener parámetros distintos para juzgar cosas que deberían ser iguales. Deberíamos estar preocupados, y sería lo justo, de si la rutina fue entretenida o aburrida. Esa debería ser la discusión”.

“Cuando alguien se sube a la Quinta Vergara, debiera ser juzgado por su trabajo, pero, claramente, lo que vemos acá es una minimización de la labor de lo que se está haciendo arriba del escenario, un ninguneo”, critica.

Garabatos al alza

“Estamos frente a un espacio que, históricamente, ha ido dejando de ser tan empaquetado. Jamás vimos a Antonio Vodanovic ocupar un lenguaje que no fuera formal, pero eso ha ido cambiando y los animadores ahora ocupan un registro mucho más coloquial”, señala.

Agrega que “si uno hiciera un conteo de la cantidad de garabatos que se han pronunciado en el festival de Viña, se daría cuenta de que el número ha ido avanzando de manera gradual. No es ni bueno ni malo, sino un límite que se ha ido ampliando”.

Por eso, sostiene que “en el espacio de Viña ya no es traumático que alguien diga garabatos ni que cuente cosas sexuales”. Respecto a que esto pueda ser visto y escuchado por menores de edad, al ser un evento televisado, indica que “en estricto rigor, está en un espacio horario ara mayores, así que si alguien está preocupado de eso, la responsabilidad es individual”.

Sin embargo, el académico califica como vulgar otra situación del Festival. “La obertura de Violeta Parra me pareció mucho más ofensiva que cualquier garabato de la Chiqui Aguayo. Fue como una especie de vulgarizar su cancionero, haciendo un pegoteo de canciones que no se entendía, y minimizaron la figura de Isabel Parra. Eso ha sido, hasta ahora, lo que más me ha ofendido del Festival”, reprocha.

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